La mejoría de los equipos humanos y técnicos y las campañas de cribaje para conseguir el diagnóstico temprano, permiten que en la actualidad hasta 7 de cada 10 mujeres diagnosticadas de cáncer de mama se pueden tratar de la enfermedad de forma conservadora.

La cirugía conservadora del cáncer de mama consigue extirpar el tumor y diagnosticar el estadio de los ganglios de la axila, sin necesidad realizar procedimientos quirúrgicos radicales que mutilen la mama o creen secuelas permanentes en la axila y brazo. Aunque la mayoría de las pacientes tratadas van a tener un excelente pronóstico, a la cirugía conservadora se debe asociar el tratamiento local con radioterapia. Así se puede garantizar al máximo que la enfermedad no vuelva a aparecer en la mama operada.

Las pacientes tratadas con cirugía conservadora y radioterapia conservan la mama y evitan las secuelas propias de la mastectomía y la necesidad de plantearse un procedimiento de reconstrucción total de la mama.

Aunque afortunadamente se conserve la mama, en algunas mujeres, sobre todo cuando la resección del tumor ha sido amplia, los senos no son voluminosos, y a consecuencia de la radioterapia, pueden aparecer cambios no deseados. No son infrecuentes las consultas por asimetría de volumen o contorno entre los dos pechos, el desplazamiento de la areola, hundimiento de la cicatriz para la extirpación y cambios en la elasticidad, y aspecto de la piel.

Lipotransferencia o Injerto Graso

En la actualidad es habitual el uso de la lipotransferencia o injerto de grasa para tratar las secuelas de la cirugía conservadora. El injerto graso es un procedimiento seguro, que no predispone a la recidiva de la enfermedad y no impide ni limita el estudio radiológico o biológico para el seguimiento y diagnóstico temprano del cáncer de mama.

La intervención quirúrgica para la corrección de secuelas de cirugía conservadora mediante lipotransferencia se realiza normalmente con anestesia local, o anestesia local y sedación asistida por anestesista. La paciente sólo permanece en el hospital unas horas, y puede regresar a su domicilio el mismo día sin necesidad de drenajes ni vendajes complicados. Tampoco presenta dolor ni sangrado.

La grasa elegida para injertar se obtiene mediante lipoaspiración selectiva en las zonas adiposas de reserva que todas las personas, con distribución variable, tienen. Se elige este tipo de grasa porque su extracción no supone un menoscabo estético para la paciente y es el tipo de grasa más resistente a desaparecer en caso de pérdida severa de peso. La grasa obtenida de esta forma se centrifuga para separar los restos de anestesia local y líquido seroso de las células a injertar. Así se obtienen y preparan las células adiposas que se transferirán.

El injerto en la mama a tratar se realiza mediante punción con unas agujas de infiltración finas; se deben insertar pequeñas islas de grasa en la cantidad y posición adecuadas. El objetivo es corregir en lo posible las secuelas o diferencias de volumen y optimizar al máximo la cantidad de grasa que permanecerá para siempre en la nueva localización. La corrección de las secuelas es posible para muchas pacientes con sólo una intervención; en los casos más severos pueden ser necesarios varios procedimientos de injerto separados uno de otro por lo menos por tres meses.

La recuperación de la intervención es muy rápida. La zona donde se ha obtenido la grasa evoluciona como la correspondiente a una liposucción de pequeño o moderado volumen. Para la mama injertada sólo se recomienda mantener el sujetador. La mayoría de las pacientes pueden reincorporarse a su actividad cotidiana a partir de las 48 horas.