Botox y estado de ánimo

Los músculos faciales no solo nos permiten expresar las emociones, sino que están también implicados en cómo vivimos o experimentamos dichas emociones. Esta retroalimentación entre la expresión facial y la emoción experimentada fue ya descrita por Charles Darwin. Desde entonces, la evidencia científica acumulada viene a confirmar que la actividad de nuestros músculos faciales puede afectar nuestro estado de ánimo y nuestra forma de percibirlo.

Basándose en esta hipótesis, el investigador Michael Lewis y sus colaboradores, de las prestigiosa Escuela de Psicología de la Universidad de Cardiff han estudiado si el tratamiento con toxina botulínica A de las líneas glabelares (las que se forman en el entrecejo al fruncir el ceño) puede tener como resultado un estado de ánimo menos negativo y una mejora de los síntomas de la depresión.

La toxina botulínica A es el ingrediente activo del Botox y el tratamiento consiste en la inyección de dicha toxina en los músculos corrugadores, que son los que se contraen para expresar emociones negativas tales como tristeza, miedo, ira o angustia. Como consecuencia se produce una parálisis temporal de dicha musculatura por lo que la capacidad para expresar emociones negativas queda reducida. Esta parálisis se va a mantener de 4 a 6 meses y su efecto cosmético es que dichas líneas de expresión se suavizan, proporcionando un aspecto más descansado y juvenil.

La hipótesis en la que se fundamenta esta investigación de Lewis es que la parálisis de los músculos faciales asociados con la expresión de las emociones negativas puede tener efectos que van más allá de la apariencia o expresión externa de la emoción, de modo que la parálisis de esta musculatura podría hacer más difícil mantener ese estado de ánimo negativo. Las expresiones que hacemos con nuestra cara afectan a las emociones que sentimos. Del mismo modo que sonreímos porque estamos felices pero al mismo tiempo sonreír nos hace más felices, fruncimos el ceño cuando estamos enfadados, pero esta expresión facial hace que tengamos un estado de ánimo más negativo.

En esta investigación participaron 25 pacientes todas ellas mujeres, que se habían sometido a un tratamiento de medicina estética en el período entre los tres meses y 7 días anteriores al estudio. La media de edad era de 47 años. De dicho grupo, 12 mujeres se habían sometido a tratamiento con toxina botulínica en las arrugas de expresión de la frente (corrugadores) y las 13 restantes se habían sometido a otros tratamientos estéticos distinto del Botox (láser, ácido hialurónico o peelings), constituyendo el grupo control.
A todas ellas se les pasó el cuestionario validado IDAS (Escala Irritabilidad-Depresión-Ansiedad, por sus siglas en inglés), compuesto por 14 preguntas que permiten medir el estado de ánimo en esas tres dimensiones. También se les pidió a las pacientes que valoraran en porcentaje su atractivo percibido antes y después del tratamiento a que se habían sometido.

Los resultados de esta investigación muestran que las mujeres se encontraron más atractivas tras el tratamiento; aunque este incremento fue ligeramente superior en el grupo de tratamiento con toxina botulínica que en el grupo control, la diferencia no fue significativa. Se ha propuesto que el efecto del botox al paralizar los músculos necesarios para expresar las emociones negativas y mejorar el estado de ánimo permitiría explicar la mayor satisfacción que presentan las pacientes tratadas con Botox, frente a las que han recibido otros tratamientos cosméticos.

El tratamiento con toxina botulínica de líneas glabelares que se  forman al fruncir el ceño, mejora las emociones

Los valores de irritabilidad, depresión y ansiedad, así como la puntuación global del cuestionario IDAS fueron significativamente más bajos en el grupo de tratamiento con toxina botulínica A. Ello permite concluir que hay una mejora significativa del estado de ánimo en las pacientes del grupo de tratamiento. Las mujeres tratadas con toxina botulínica A en las arrugas de expresión de la frente mostraron un estado de ánimo mejor que las no tratadas, siendo especialmente evidente en las dimensiones de ansiedad y depresión. Puesto que la diferencia en el atractivo percibido no fue significativa entre ambos grupos, este efecto no justificaría la mejora en el estado de ánimo.

Aunque se trata de un estudio observacional, los resultados parecen demostrar la hipótesis estudiada, es decir, que la parálisis de los músculos corrugadores, que impide la expresión de las emociones negativas, hace que sea difícil mantener un estado anímico negativo. Al no existir retroalimentación de emociones negativas desde los músculos faciales, las personas tratadas con toxina botulínica se sienten más felices.

Aunque se necesitan investigaciones adicionales, Lewis propone que, teniendo en cuenta el efecto que tienen las emociones sobre el comportamiento, el tratamiento con toxina botulínica A podría tener efectos potenciales también en la empatía y comunicación con los otros.

M.B. Lewis, P.J. Bowler. Botulinum toxin cosmetic therapy correlates with a more positive mood. Journal of Cosmetic Dermatology, 8 (2009), pp. 24-26.